
Este bar de 150 m² se concibe como una reinterpretación contemporánea del imaginario Miami Vice, donde la estética vibrante de los años 80 no se replica literalmente, sino que se recompone desde una mirada arquitectónica sensorial y atmosférica. El proyecto no busca ser un set temático, sino un espacio inmersivo donde la luz, los materiales y la composición construyen una narrativa nocturna cargada de nostalgia sofisticada.
El corazón del diseño es una barra central circular, concebida como un objeto escultórico y punto de gravedad espacial. Su iluminación rosada difusa, integrada en el perímetro, no solo define su geometría, sino que actúa como fuente lumínica primaria, bañando el entorno con un resplandor cálido que dialoga con los tonos fríos del resto del espacio. Este contraste cromático —entre magentas, azules eléctricos y violetas— evoca la iconografía de Miami en los años 80, pero se ejecuta con un control preciso que evita la saturación excesiva, llevándolo hacia un lenguaje más editorial y contemporáneo.
La organización espacial es abierta y fluida, permitiendo múltiples lecturas del lugar. Las mesas altas, las sillas de estructura metálica y los lounges perimetrales configuran distintas capas de ocupación, fomentando tanto la contemplación como la interacción social. En uno de los extremos, un pequeño escenario con señalética neón (“80’s Vibes”) introduce una dimensión performativa, reforzando la identidad del bar como un espacio activo y cambiante.
Los materiales juegan un papel clave en la construcción del realismo y la atmósfera. Las superficies cromadas y reflectantes, presentes en columnas y mobiliario, capturan y distorsionan la luz, generando reflejos dinámicos que aportan profundidad visual. Sin embargo, estos elementos no son perfectamente pulidos; incorporan ligeras variaciones, huellas e imperfecciones que los alejan del acabado artificial. El piso de terrazo y los patrones ajedrezados introducen textura y memoria, mientras que los tapizados en cuero y terciopelo suman una capa táctil que equilibra lo tecnológico con lo sensorial.
La vegetación tropical, estratégicamente ubicada, actúa como contrapunto orgánico dentro de un entorno dominado por lo artificial. Sus formas irregulares y sombras proyectadas suavizan la geometría del espacio y refuerzan la referencia a paisajes costeros y nocturnos. A esto se suma la incorporación de elementos icónicos, como el automóvil vintage, reinterpretado como pieza escenográfica que ancla el concepto en el imaginario cultural de la época.
La iluminación es, sin duda, el recurso más determinante del proyecto. Se trabaja desde una lógica cinematográfica, donde la luz no revela todo, sino que selecciona, encuadra y sugiere. Existen zonas en penumbra que aportan misterio, mientras que otras se enfatizan mediante acentos de neón cuidadosamente controlados. Una ligera neblina ambiental contribuye a difundir la luz y a generar una sensación de profundidad, como si el espacio estuviera suspendido en una noche perpetua.
En conjunto, el proyecto logra trascender la nostalgia superficial para construir una experiencia espacial coherente, donde cada decisión —desde la escala hasta el color— responde a una intención clara: reinterpretar los 80 desde la contemporaneidad, transformando el bar en una escena viva, cinematográfica y emocionalmente evocadora.
1980s Vibes
Chorrillos, Lima


















